Lleva tanto reconocerse, hacerse cargo de sí mismo para luego enfrentarse al resto. He pasado largos años intentándolo y cada vez que estoy cerca de conseguirlo me doy cuenta que sólo me alejo. Por temor, por miedo al rechazo, por no saber cómo explicarlo; y simplemente me quedo en el conformismo, que tarde o temprano me termina frustrando y no me deja desarrollarme a pleno.
Hoy, bah, en este último tiempo hice una revisión de mi pasado. Comencé a recordar qué es lo que más me gustaba y por qué dejé de hacerlo; fue sorprendente descubrir el origen de tantas cosas, de tantos comportamientos…lo bueno es que ahora sé quién soy –en realidad siempre lo supe, sino que las circunstancias me obligaron a esconderme- y cómo quiero seguir de ahora en adelante.
Para continuar, tengo que ser honesto…primero conmigo, luego con el resto; sin esperar que me acepten o no. Es comenzar una transformación, una transición hacia mi relación con los demás, a mostrar mi yo verdadero: un hombre. Ser quien fui, soy y seré siempre sin ocultarme, sin darle tantas vueltas al asunto, y sin importar lo que diga el envase biológico: mi cuerpo. Soy un hombre, siempre lo he sido y siempre lo seré; no un tipo común sino uno con una visión mucho más extensa a muchos otros hombres.
Es tan placentero sentirse pleno, y que el resto te trate tal como te sentís, como sos.
Continuara…
EL LENGUAJE DEL RELATO
Despuntar el -buen- vicio de escribir
miércoles 5 de octubre de 2011
miércoles 27 de julio de 2011
Lo que piensa alguien frustrado y cansado...
Llegar a un punto de estar casi en la nada, de no saber ni cuáles son las verdades cuáles son las mentiras, preguntarse qué es lo correcto y qué no…y tantas preguntas con un blanco y un negro que termina siendo depende quién lo mire.
Y sentarse y pensar que la vida entera es una cagada o por lo menos que si va a serlo debería venir con un manual de instrucciones como para que se pueda ahorrar tiempo en algunas cuestiones básicas como el amor o la familia y la economía. También podría incluir un apéndice con las maneras elementales de ser un fracaso pero con estilo o al menos un fracasado importante, qué sé yo cosas como esas…elementales.
Encima mientras más va pasando el tiempo parece que peor es, mientras más avanzan los años conjuntamente van avanzando los fracasos amorosos (uno por cada tanto, porque hasta para eso hay fracaso: buscar un amor), los quilombos familiares (ya no los generás sino que los resolvés) y la cuestión económica (te ponés más grande, más gastás y menos ingreso de plata hay. Economía de mierda y publicidades que te meten cosas innecesarias para vivir). Para rematar: el esfuerzo no sirve de nada.
Con todo eso, como dice una canción…dan ganas de balearse…y si lo hacés y bien, cuando vienen los peritos de criminalística o policía judicial te catalogan como cobarde desquiciado o en sus teorías creen que es la frustración de la vida y/o el fracaso lo que te llevaron al suicidio…hasta después de que te morís te dicen cobarde y fracasado. Una solución: seguir viviendo y dejar todo como está (seguramente habrá quién piense lo contrario).
Y sentarse y pensar que la vida entera es una cagada o por lo menos que si va a serlo debería venir con un manual de instrucciones como para que se pueda ahorrar tiempo en algunas cuestiones básicas como el amor o la familia y la economía. También podría incluir un apéndice con las maneras elementales de ser un fracaso pero con estilo o al menos un fracasado importante, qué sé yo cosas como esas…elementales.
Encima mientras más va pasando el tiempo parece que peor es, mientras más avanzan los años conjuntamente van avanzando los fracasos amorosos (uno por cada tanto, porque hasta para eso hay fracaso: buscar un amor), los quilombos familiares (ya no los generás sino que los resolvés) y la cuestión económica (te ponés más grande, más gastás y menos ingreso de plata hay. Economía de mierda y publicidades que te meten cosas innecesarias para vivir). Para rematar: el esfuerzo no sirve de nada.
Con todo eso, como dice una canción…dan ganas de balearse…y si lo hacés y bien, cuando vienen los peritos de criminalística o policía judicial te catalogan como cobarde desquiciado o en sus teorías creen que es la frustración de la vida y/o el fracaso lo que te llevaron al suicidio…hasta después de que te morís te dicen cobarde y fracasado. Una solución: seguir viviendo y dejar todo como está (seguramente habrá quién piense lo contrario).
jueves 21 de abril de 2011
Palabras que ella no leerá jamás
Alguien frio estaba tan enamorado y a la vez tan desolado por la partida y pérdida de su amor que escribía palabras que ella no leería:
Aunque el tiempo pase no creo poder olvidarte; aunque el tiempo ha pasado aun no te olvido. Paso las horas revisando tus pasos, observando tus movimientos, mirando tus fotos y sé que no dejo de quererte. A veces no te quiero pero son tan pocas que ni las cuento. En mis sueños te hacés presente, te traigo a mi presencia, constantemente; incluso en puertas de la muerte te llamé.
Pasarán años, muchos años y seguirás dando vueltas entre la mente y el corazón. Pasarán las horas y los minutos y en cada segundo voy a estar pensando en vos. No sé cuándo terminará esto, si es que alguna vez termina.
Cada vez que estoy fuera, al aire libre y el día está gris sé que me hacés falta pero no lo vas a saber jamás; prefiero quedarme con el dulce recuerdo de tu fugaz presencia en mi vida, de esa pequeña revolución que armaste cuando te cruzaste en mi camino.
Y te seguiré viendo, te seguiré tratando, pero lo nuestro sólo será recuerdo y hasta quizás un cruel producto de mi imaginación. Y nunca te diré estas cosas, jamás sabrás sobre ellas, haré de cuenta que no me importás que sólo sos una más.
Cuando te vea, que prefiero no hacerlo, no vas a saber que todavía te quiero; salvo que mirés debajo de la mirada fría como lo hiciste aquella vez que entraste en mi mundo, aquella vez que le diste un sentido cálido al invierno frio de mi alma.
Y no sé para qué escribo, si nunca llegarán estas palabras a tus manos, ni tus ojos ni tus oídos sabrán de ellas. Sólo serán un papel más en mi escritorio.
Aunque el tiempo pase no creo poder olvidarte; aunque el tiempo ha pasado aun no te olvido. Paso las horas revisando tus pasos, observando tus movimientos, mirando tus fotos y sé que no dejo de quererte. A veces no te quiero pero son tan pocas que ni las cuento. En mis sueños te hacés presente, te traigo a mi presencia, constantemente; incluso en puertas de la muerte te llamé.
Pasarán años, muchos años y seguirás dando vueltas entre la mente y el corazón. Pasarán las horas y los minutos y en cada segundo voy a estar pensando en vos. No sé cuándo terminará esto, si es que alguna vez termina.
Cada vez que estoy fuera, al aire libre y el día está gris sé que me hacés falta pero no lo vas a saber jamás; prefiero quedarme con el dulce recuerdo de tu fugaz presencia en mi vida, de esa pequeña revolución que armaste cuando te cruzaste en mi camino.
Y te seguiré viendo, te seguiré tratando, pero lo nuestro sólo será recuerdo y hasta quizás un cruel producto de mi imaginación. Y nunca te diré estas cosas, jamás sabrás sobre ellas, haré de cuenta que no me importás que sólo sos una más.
Cuando te vea, que prefiero no hacerlo, no vas a saber que todavía te quiero; salvo que mirés debajo de la mirada fría como lo hiciste aquella vez que entraste en mi mundo, aquella vez que le diste un sentido cálido al invierno frio de mi alma.
Y no sé para qué escribo, si nunca llegarán estas palabras a tus manos, ni tus ojos ni tus oídos sabrán de ellas. Sólo serán un papel más en mi escritorio.
jueves 14 de abril de 2011
VIII
Estoy inmóvil,en un solo punto
sin embargo
siento que caigo,
caigo a un vacío
del cual es imposible salir.
Sigo ahí, sin avanzar
pero...
sigo cayendo
en ese vacío
que cada vez se hace más profundo.
Imposible moverme
pero...
estoy moviéndome
hacia abajo
a donde será difícil subir.
Inmóvil, quieto
cayendo
paradoja de movimiento
que me lleva hacia abajo y no me salvo.
sin embargo
siento que caigo,
caigo a un vacío
del cual es imposible salir.
Sigo ahí, sin avanzar
pero...
sigo cayendo
en ese vacío
que cada vez se hace más profundo.
Imposible moverme
pero...
estoy moviéndome
hacia abajo
a donde será difícil subir.
Inmóvil, quieto
cayendo
paradoja de movimiento
que me lleva hacia abajo y no me salvo.
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poema
domingo 20 de febrero de 2011
la ropa dice qué y quién sos o sólo es una payasada normativa y/o publicitaria

¿La ropa dice qué y quién sos o sólo es una payasada normativa y/o publicitaria?
Desde hace rato me lo pregunto.
La ropa define a la gente como hombre o mujer? o solamente son las normas de una sociedad en la que habitamos y que a veces no está capacitada para digerir los cruces de lineas o ruptura de normas que muchos hacemos...
viernes 31 de diciembre de 2010
Bienvenido 2011
El 2010 se termina, con él también se van muchas cosas, pero vienen mejores...
BIENVENIDO 2011
FELIZ AÑO NUEVO PARA TODOS!QUE EL 2011 SEA MEJOR Y SE CUMPLAN TODOS SUS DESEOS
BIENVENIDO 2011
domingo 12 de diciembre de 2010
CORDOBESA DEL AÑO 2010

El diario cordobés La Voz del Interior, desde hace algunos años, realiza la elección del "Cordobés del Año". El Cordobés del Año es elegido,como postulante, entre personas destacadas -por diversos motivos- de la provincia y luego la elección de uno mediante votación de la gente.
Este año, fue elegida Sandra Meyer, quien perdió a su hijo Juan hace ya casi un año, al morir electrocutado por un cartel de la vía pública mientras intentaba ayudar a un hombre para cruzar la calle después de una tormenta. Es a partir de entonces que Sandra comenzó la lucha por relevar peligros en la vía publica y que la muerte de su hijo Juan no sea en vano.
Sandra estuvo nominada junto a Martin Apaz -activista LGBT-, La Mona Jimenez, La Mole Moli, entre otros.
Este año, fue elegida Sandra Meyer, quien perdió a su hijo Juan hace ya casi un año, al morir electrocutado por un cartel de la vía pública mientras intentaba ayudar a un hombre para cruzar la calle después de una tormenta. Es a partir de entonces que Sandra comenzó la lucha por relevar peligros en la vía publica y que la muerte de su hijo Juan no sea en vano.
Sandra estuvo nominada junto a Martin Apaz -activista LGBT-, La Mona Jimenez, La Mole Moli, entre otros.
Aquí la nota completa del diario:
Un dolor que pide sentido común
Sandra Meyer es la Cordobesa del Año. Su hijo, Juan Aciar, murió electrocutado de modo absurdo, hace casi 12 meses. Ahora llama a estar alerta frente a los peligros cotidianos.
Trató de aferrarse al cuerpo de Juan para soltarlo de la violenta e invisible fuerza que le estaba devorando la vida, pero una y otra vez fue rechazada. Y mientras volvía a intentarlo, gritó, gritó, gritó, gritó...
El desgarro de su voz devolvió al aire de barrio Jardín la inquietud que se había agazapado después de la lluvia. Los segundos acaso ya sumaban algún minuto. Alguien, de algún lugar de la noche, surgió, se arrojó contra su hijo y consiguió despegarlo del cesto de basura que aprisionaba sus manos.
Juan quedó tendido y sobre su pecho y su boca se abalanzaron las manos y los labios de su madre para darle de latir y respirar de nuevo, como hacía tan poco o como había ocurrido hacía ya 13 años.
El pequeño tosió y Sandra creyó que lo tenía otra vez consigo. Pero después, en la hondura de la madrugada, la extraña fuerza, sin hacer ruido, terminó por llevarse su vida.
Faltaban apenas 20 horas para la Navidad.
...................................................................
A Sandra todavía le queda una sonrisa de aquel 23 de diciembre recién anochecido, y es la que pintan los recuerdos antes de la tragedia. La lluvia había terminado y con el aroma fresco de la humedad respirando en las veredas salió con sus hijos, Valentina y Juan, hasta la esquina de Javier Díaz y Cosquín. Sólo había una cuadra y unos pocos pasos más de distancia.
Disfrutaron del helado mientras miraban hacia la calle desbordada de agua y a los automovilistas que no hacían más que renegar con tanta lluvia. Apenas emprendieron el regreso, en la otra vereda, apareció un hombre mayor cargado con bolsas de supermercado, temeroso de cruzar por la fuerza con que corría el agua.
–Mamá, ¿puedo ayudarlo?, preguntó Juan.
Indolencia y desinformación
–¿Cómo podía decirle que no, si es lo que siempre les había enseñado a mis hijos? A ser solidarios, a ayudar a la gente que lo necesita. Fue en ese momento cuando Juan se afirmó en el cesto de basura y quedó pegado. Al lado había un cartel publicitario luminoso, de esos de un solo pie, con un alambre que lo ataba al cesto, que con el agua había quedado electrificado.
–¿Qué sucedió con tu vida, desde ese momento?
–Sentí, en ese momento y en todos los que siguieron, que Juan nunca dejó de estar conmigo. Por eso es que ha sido posible, desde entonces, toda esta lucha.
–Tu propuesta es tomar conciencia de los peligros cotidianos que nos acechan, que muchas veces no advertimos; o que sí advertimos pero no tomamos nota.
–Sí, y es por que no quiero que Juan haya muerto porque sí. Es más, creo que no ha muerto porque sí. En esta tarea de relevar peligros en la ciudad, como me propuse hacerlo, ha colaborado mucha gente, y cada vez se suman más. Es increíble la desprotección en la que se encuentra la gente frente a tantas cosas que parecen inocentes pero que le puede costar la vida a cualquiera.
–¿En qué pensaste, en qué te inspiraste para organizar esa lucha?
–Creo que me dio muchas líneas la película Cadena de favores . Por eso es que empecé repartiendo volantes de a tres, para que cada uno a su vez los repartiera entre sus seres más queridos y capaces de comprometerse.
–Y la gente se comprometió.
–Sí, muchísimo. Lo primero que hice fue acercarme al Colegio de Ingenieros Especialistas, pues ellos están luchando desde hace tiempo por la seguridad de los ciudadanos en lo que tiene que ver con las instalaciones eléctricas. Es enorme la cantidad de accidentes hogareños que existe porque no se exigen interruptores automáticos. Después, está el descontrol en la vía pública, en la calle.
–De todos modos, tus planteos encuentran a la gente desarmada frente a la realidad.
–Sobre todo, desinformada. Muchos me han visto como un bicho raro, porque hay cosas que no se saben hasta que te pasa algo. Por eso es que tengo mi página en Internet y por lo que voy a dar charlas a las escuelas, porque la gente tiene que saber, y sobre todo los jóvenes, que son los que pueden cambiar la conciencia en el futuro. Me dedico a esto, y si lo tengo que explicar 100 veces, lo hago.
–Y entre la gente se incluye a las autoridades.
–Hay normativas eléctricas que tienen 100 años y a las que Córdoba todavía no adhirió. Es decir, muchas normas están, pero hay que tenerlas en cuenta y hacerlas cumplir. La ciudad de Córdoba tiene una ordenanza reglamentada desde 2007, pero recién desde hace unos pocos meses hay, por ejemplo, un subdirector de Cartelería, Pablo Miraglia, que no está casado con nadie. Este es un enorme paso frente a ese enorme problema. Durante 15 años no se hizo nada sobre el tema, que es el principal al que apunta mi lucha porque allí están los mayores riesgos. Te digo una cifra demoledora: el 90 por ciento de la cartelería de Córdoba está en contravención.
–Claro que en tu desafío no sólo está cambiar la indolencia de los funcionarios, sino incluso una manera de pensar de la gente.
–Y no se trata sólo de la gente que va por la calle sin pensar en lo que observa. Hay muchas grandes empresas que no saben cómo se hace o se trata la cartelería que exponen. Incluso hay carteles que toman la electricidad de una villa, donde se supone que nadie la paga. Muchos tienen la suerte de que nunca les pase nada.
–¿Cuánto de tu lucha tiene que ver con superar la muerte de Juan?
–No lo sé. Sólo sé que su muerte no debe ser en vano. Lo que trato, desde mi dolor, es lograr un poco de sentido común. Es decir, que las autoridades, pero sobre todo la gente, entiendan que estamos rodeados de peligros y que hay que estar atento, no sólo para evitarlos, sino también para salvar las vidas de los demás.
¿Cuántos Juan?
La fuerza de aquella noche era la muerte, claro, pero su recurso original eran los hombres. Y la muerte es al fin (el fin) no siempre violenta o invisible, pero siempre la muerte. Nombrarla, una y otra vez, es acaso parte del ejercicio de ser humano que se requiere para estar vivo y para ser humano. Esa conciencia (lo que uno sabe de uno y, después, sabe de todos: del ayer, del presente o del fin) nunca se puede evitar.
No se puede esquivar. Como no se puede esquivar el hecho de que la suerte de Juan tiene que ver con la parte más oscura de todo lo que no hacemos para estar vivos.
Está claro; morir, se muere. Y los vientos soplarán en otras dimensiones. O acaso no; nada dejará en su paso más que la nada. Pero la vida de Juan Aciar, un chico de 13 años, no se esfumó en vano una noche de verano bajo el cielo de un barrio de Córdoba hace casi, casi, un año.
Es más, no siempre la muerte es el destino. Que se escuche bien: no siempre la muerte es el destino, sino que puede ser el destino a medias que siembran los hombres, tantas veces tan omnipotentes de vida.
Seguro, no podía ser de otro modo: si vamos a vivir, para eso estamos; pero si vamos a quedar vivos con la muerte al lado, la fuerza de aquella noche no será la absurda destrucción de un niño de 13 años
Que la muerte haga sus cuentas. Nosotros, la comunidad, haremos las nuestras: ¿cuántos Juan dejaremos de tener por no estar despiertos?
Fuente: http://www.lavoz.com.ar/suplementos/temas/un-dolorque-pide-sentido-comun
Un dolor que pide sentido común
Sandra Meyer es la Cordobesa del Año. Su hijo, Juan Aciar, murió electrocutado de modo absurdo, hace casi 12 meses. Ahora llama a estar alerta frente a los peligros cotidianos.
Trató de aferrarse al cuerpo de Juan para soltarlo de la violenta e invisible fuerza que le estaba devorando la vida, pero una y otra vez fue rechazada. Y mientras volvía a intentarlo, gritó, gritó, gritó, gritó...
El desgarro de su voz devolvió al aire de barrio Jardín la inquietud que se había agazapado después de la lluvia. Los segundos acaso ya sumaban algún minuto. Alguien, de algún lugar de la noche, surgió, se arrojó contra su hijo y consiguió despegarlo del cesto de basura que aprisionaba sus manos.
Juan quedó tendido y sobre su pecho y su boca se abalanzaron las manos y los labios de su madre para darle de latir y respirar de nuevo, como hacía tan poco o como había ocurrido hacía ya 13 años.
El pequeño tosió y Sandra creyó que lo tenía otra vez consigo. Pero después, en la hondura de la madrugada, la extraña fuerza, sin hacer ruido, terminó por llevarse su vida.
Faltaban apenas 20 horas para la Navidad.
...................................................................
A Sandra todavía le queda una sonrisa de aquel 23 de diciembre recién anochecido, y es la que pintan los recuerdos antes de la tragedia. La lluvia había terminado y con el aroma fresco de la humedad respirando en las veredas salió con sus hijos, Valentina y Juan, hasta la esquina de Javier Díaz y Cosquín. Sólo había una cuadra y unos pocos pasos más de distancia.
Disfrutaron del helado mientras miraban hacia la calle desbordada de agua y a los automovilistas que no hacían más que renegar con tanta lluvia. Apenas emprendieron el regreso, en la otra vereda, apareció un hombre mayor cargado con bolsas de supermercado, temeroso de cruzar por la fuerza con que corría el agua.
–Mamá, ¿puedo ayudarlo?, preguntó Juan.
Indolencia y desinformación
–¿Cómo podía decirle que no, si es lo que siempre les había enseñado a mis hijos? A ser solidarios, a ayudar a la gente que lo necesita. Fue en ese momento cuando Juan se afirmó en el cesto de basura y quedó pegado. Al lado había un cartel publicitario luminoso, de esos de un solo pie, con un alambre que lo ataba al cesto, que con el agua había quedado electrificado.
–¿Qué sucedió con tu vida, desde ese momento?
–Sentí, en ese momento y en todos los que siguieron, que Juan nunca dejó de estar conmigo. Por eso es que ha sido posible, desde entonces, toda esta lucha.
–Tu propuesta es tomar conciencia de los peligros cotidianos que nos acechan, que muchas veces no advertimos; o que sí advertimos pero no tomamos nota.
–Sí, y es por que no quiero que Juan haya muerto porque sí. Es más, creo que no ha muerto porque sí. En esta tarea de relevar peligros en la ciudad, como me propuse hacerlo, ha colaborado mucha gente, y cada vez se suman más. Es increíble la desprotección en la que se encuentra la gente frente a tantas cosas que parecen inocentes pero que le puede costar la vida a cualquiera.
–¿En qué pensaste, en qué te inspiraste para organizar esa lucha?
–Creo que me dio muchas líneas la película Cadena de favores . Por eso es que empecé repartiendo volantes de a tres, para que cada uno a su vez los repartiera entre sus seres más queridos y capaces de comprometerse.
–Y la gente se comprometió.
–Sí, muchísimo. Lo primero que hice fue acercarme al Colegio de Ingenieros Especialistas, pues ellos están luchando desde hace tiempo por la seguridad de los ciudadanos en lo que tiene que ver con las instalaciones eléctricas. Es enorme la cantidad de accidentes hogareños que existe porque no se exigen interruptores automáticos. Después, está el descontrol en la vía pública, en la calle.
–De todos modos, tus planteos encuentran a la gente desarmada frente a la realidad.
–Sobre todo, desinformada. Muchos me han visto como un bicho raro, porque hay cosas que no se saben hasta que te pasa algo. Por eso es que tengo mi página en Internet y por lo que voy a dar charlas a las escuelas, porque la gente tiene que saber, y sobre todo los jóvenes, que son los que pueden cambiar la conciencia en el futuro. Me dedico a esto, y si lo tengo que explicar 100 veces, lo hago.
–Y entre la gente se incluye a las autoridades.
–Hay normativas eléctricas que tienen 100 años y a las que Córdoba todavía no adhirió. Es decir, muchas normas están, pero hay que tenerlas en cuenta y hacerlas cumplir. La ciudad de Córdoba tiene una ordenanza reglamentada desde 2007, pero recién desde hace unos pocos meses hay, por ejemplo, un subdirector de Cartelería, Pablo Miraglia, que no está casado con nadie. Este es un enorme paso frente a ese enorme problema. Durante 15 años no se hizo nada sobre el tema, que es el principal al que apunta mi lucha porque allí están los mayores riesgos. Te digo una cifra demoledora: el 90 por ciento de la cartelería de Córdoba está en contravención.
–Claro que en tu desafío no sólo está cambiar la indolencia de los funcionarios, sino incluso una manera de pensar de la gente.
–Y no se trata sólo de la gente que va por la calle sin pensar en lo que observa. Hay muchas grandes empresas que no saben cómo se hace o se trata la cartelería que exponen. Incluso hay carteles que toman la electricidad de una villa, donde se supone que nadie la paga. Muchos tienen la suerte de que nunca les pase nada.
–¿Cuánto de tu lucha tiene que ver con superar la muerte de Juan?
–No lo sé. Sólo sé que su muerte no debe ser en vano. Lo que trato, desde mi dolor, es lograr un poco de sentido común. Es decir, que las autoridades, pero sobre todo la gente, entiendan que estamos rodeados de peligros y que hay que estar atento, no sólo para evitarlos, sino también para salvar las vidas de los demás.
¿Cuántos Juan?
La fuerza de aquella noche era la muerte, claro, pero su recurso original eran los hombres. Y la muerte es al fin (el fin) no siempre violenta o invisible, pero siempre la muerte. Nombrarla, una y otra vez, es acaso parte del ejercicio de ser humano que se requiere para estar vivo y para ser humano. Esa conciencia (lo que uno sabe de uno y, después, sabe de todos: del ayer, del presente o del fin) nunca se puede evitar.
No se puede esquivar. Como no se puede esquivar el hecho de que la suerte de Juan tiene que ver con la parte más oscura de todo lo que no hacemos para estar vivos.
Está claro; morir, se muere. Y los vientos soplarán en otras dimensiones. O acaso no; nada dejará en su paso más que la nada. Pero la vida de Juan Aciar, un chico de 13 años, no se esfumó en vano una noche de verano bajo el cielo de un barrio de Córdoba hace casi, casi, un año.
Es más, no siempre la muerte es el destino. Que se escuche bien: no siempre la muerte es el destino, sino que puede ser el destino a medias que siembran los hombres, tantas veces tan omnipotentes de vida.
Seguro, no podía ser de otro modo: si vamos a vivir, para eso estamos; pero si vamos a quedar vivos con la muerte al lado, la fuerza de aquella noche no será la absurda destrucción de un niño de 13 años
Que la muerte haga sus cuentas. Nosotros, la comunidad, haremos las nuestras: ¿cuántos Juan dejaremos de tener por no estar despiertos?
Fuente: http://www.lavoz.com.ar/suplementos/temas/un-dolorque-pide-sentido-comun
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