Mi cuerpo esta temblando, al igual que una hoja que mueve la briza fría del invierno, pero no de frío; sino de dolor, rabia, vacío, soledad, ira, odio, amor, confusión y tantas cosas más que no logro dilucidar. Francamente no entiendo mi estado, patético, que se ha visto superado, arrasado por tu ¿amor? Lo dejo como interrogante para, quizás, algún día poderlo explicar.
Me sedujiste, me enredaste, me derrotaste en un mundo en el que yo no tenia armas para luchar. Te entregué buena parte de mi corazón pero no te importó, sólo buscaste estar bien. Intenté ayudarte y no lo quisiste; rechazaste mi ayuda, mi amor. En resumen: me rechazaste a mí.
Supongo que buena parte de mi dolor es mi culpa, por no estar lo suficientemente fuera de mis cabales para dejar que te lastimes sola, mi culpa por involucrarme en algo que jamás me diste espacio: tu vida. Mi culpa por decirte verdades, esas que tus amigos cubren apañando tu actitud. Así que a fin de cuentas es mi culpa también.
Buena jugada, muy inteligente, huir antes de enfrentar de manera adulta los sucesos de la vida, pero créeme que aunque te alejes de mi y te rodees de locos vas acordarte de cada palabra que dije; cuando estés sola y nadie más pueda saber lo que realmente te sucede vas a recordarme.
Lo peor de todo es que te amo, dices sentir lo mismo por mi, que por no lastimarme te alejas, aunque a veces lo dudo mucho. Creo que es egoísmo, ese que tanto criticas en los demás.
¡Mierda! No sé cómo voy hacer para dejar de quererte, va, de amarte. Igual es bueno, con vos cierro algo que ya por enésima vez experimento que no es bueno. Soy tan idiota. Me siento tan idiota.
¡Y parece que no te importa cómo estoy! No has llamado para preguntar. Sin embargo, yo, acá como imbécil preguntándome por vos.
Espero que el tiempo cure tus heridas, y que a mi me haga el corazón de piedra.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada